HOMENAJE
El niño nacido en 1943 en Chulumani, de padres migrantes de un continente en guerra, vivió entre La Paz y Santa Cruz. Hizo teatro, pero sobre todo amó los libros. Murió este 2023 y la 27 Feria Internacional del Libro de La Paz le rinde homenaje.

Fines de los años 30, años de barbarie en Alemania. El destino trae a muchas familias desde el viejo continente hasta las tierras andinas y tropicales de Bolivia. Aunque muchas se quedarán en el eje central, otras iniciarán sus vidas en zonas más alejadas.
Una de ellas es el matrimonio Lewy-Shuftan, que vivió en Yungas y que en Chulumani tuvo un hijo al que los padres llamaron Peter.
Peter Lewy paseó luego su vida entre La Paz y Santa Cruz de la Sierra.
En su primera época en Santa Cruz descubrió uno de sus amores: el teatro. Eran tiempos del Teatro Experimental Universitario y Peter y otros amigos respondieron al desafío de ser parte de un nuevo proyecto teatral: Teatro de Ensayo Cruceño. Puso su alma y salió triunfante, como él mismo nos contara.
Hacerse el muerto
“Enrique Alfonso nos desafió a varios universitarios a actuar, pero había que demostrarle que éramos buenos actores. Entonces, algunos de los amigos decidimos convencer a Quique de que efectivamente éramos buenos en la actuación”.
Se prepararon para una noche de ensayo en la casa de Josefina Liaño. Esa misma tarde hubo elecciones en la Universidad Gabriel René Moreno “y en ese entonces, como hoy, eran graves”. Había muchos frentes y en el grupo había por lo menos uno de cada cual y, a pesar de la amistad, existían conflictos políticos.
“Nos pusimos de acuerdo, sin avisar a Quique ni a Chifi Liaño, en armar una trama. Empezamos a molestarnos uno a otro por las elecciones de la tarde y porque alguno de nosotros había ganado y los otros perdido. Nos pusimos de acuerdo Toto Quiroga y yo para armar una discusión entre nosotros; llegamos a ponernos muy violentos”.
En cierto momento “Quiroga saca un revólver y me dispara un tiro y yo me hago el que recibo el balazo y me tiro al suelo. Guillermo Capobianco, que era mi compañero de frente y de curso y que no estaba enterado del juego, se enfureció tanto que lo brincó a Quiroga a golpes y le rompió la nariz”.
En ese momento “se armó el lío, porque Chifi dijo que iba a venir la policía, dio una patada al revólver y desde ese momento ya nadie supo qué pasó, lo que sí salimos corriendo y aparecimos en el parque El Arenal, donde siguió la pelea”.
Un gran problema, pero “con esto le demostramos a Enrique Alfonso que sabíamos actuar y pasamos a pertenecer al TEC”.

Actor, abogado, librero
Luego participó en otras obras y fue una acción que marcó su vida. Una obra que se recuerda es Eloísa está debajo de un Almendro de Enrique Jardiel Poncela y que se estrenó en el Paraninfo Universitario.
También participó, en 1968, de El Relojero de Córdoba de Carballido que dirigió don Humberto Parada Caro con el Teatro Experimental Universitario.
Y en la Facultad de Derecho de la Universidad Gabriel René Moreno participó en veladas bufas que eran un género del momento.
En determinado momento se fue a vivir a La Paz y, pese a su profesión de abogado, comenzó a desarrollar actividad con lo que sería su gran amor: los libros.
A invitación de Werner Guttentag asumió la Gerencia de la Librería Los Amigos del Libro en la ciudad de La Paz y, más allá de la venta de libros, se dedicó también al objetivo principal de la librería que era editarlos.
Ese nuevo oficio le puso en contacto con literatos e investigadores y así se creó un círculo de intelectuales a su alrededor, lo que le permitió aportar con nuevas colecciones al fondo editorial Amigol.
Un logro importante fue combinar su profesión de abogado con la creación de una colección de libros de Derecho. Y después de un tiempo, publicar el libro de su autoría: Propiedad Intelectual en Bolivia.
Peter disfrutó ese mundo tan especial, aunque el mundo editorial es también complicado y hay que tener una personalidad muy especial, que él tenía.
Parte de su oficio era leer originales y ver la posibilidad de la edición. Tenía que encontrar el equilibrio entre la trascendencia y lo rentable. Esa era una charla constante con Don Werner.

Un vendedor sonriente
Recuerdo haber tenido conversaciones telefónicas con Peter cuando yo trabajaba en Cochabamba, en la parte editorial de Los Amigos del Libro. Muchas veces él llegaba y teníamos reuniones en la pequeña oficina de Don Werner; allí, encerrados por horas valorábamos los proyectos editoriales. La consigna era tener en cuenta la importancia de un libro para que existiese, más allá de si era rentable o no.
Pasaron los años y Peter volvió a vivir en Santa Cruz de la Sierra. Y, claro, abrió su propia librería. “Lewy Libros” pasó a ser un importante lugar de visita para los amantes de las lecturas.
Hay clientes que entran a una librería y no buscan ningún consejo de los vendedores. Otros disfrutan de ser atendidos y aconsejados. Peter era una persona culta y con mucho mundo, lo que le permitía entablar relación con los compradores y ellos disfrutaban de sus consejos.
Su labor en Santa Cruz se extendió a la Cámara Departamental del Libro, donde con su experiencia pudo aportar mucho. Sin duda, el traslado de la Feria Internacional del Libro a los ambientes de la Fexpo fue uno de los puntos altos de su aporte.
Peter Lewy fue parte del proceso del surgimiento y crecimiento de la Feria, labor nada fácil en un mundo en el que la piratería primero y ahora también la realidad “en línea” han cambiado la forma de leer.
Recordar a Peter es verlo en su librería, con una gran sonrisa. Claro que tenía motivos para renegar también, pero era conciliador con él mismo y con los demás.
Alguna vez tocamos el tema de que no es lo mismo vender libros que vender cualquier otro producto. Hacer y vender libros es ofrecer conocimiento, sabiduría, información, entretenimiento y mucho más. Y él hizo su elección.