Xavier Albó, el curioso incorregible, ha emprendido el viaje final el 20 de enero de 2023. Jesuita, antropólogo, lingüista, el Pajla amaba moverse y por eso rara vez se detuvo para dar clases, lo que no evitó que el catalán quechuista dejara lecciones de cómo y por qué acercarse a otros pueblos, a otras costumbres, a lo diverso y distinto.

En una de las largas jornadas de charla- trabajo que hicimos durante tres años para escribir Un curioso incorregible, Xavier Albó (Cataluña, 1934-Cochabamba, 2023) me dijo que no había querido ser docente porque eso podía “amarrarlo” a horarios, semestres y contenidos, quitándole la libertad de hacer lo que más le gustaba: viajar mucho, pasar temporadas en el campo y en los caminos dentro y fuera del país, asistir a seminarios donde fuera que lo invitaran, mientras más lejos y en lugares más exóticos, mejor; en fin, estar en conexión directa con diversas realidades.
De hecho, comparativamente con su extensa actividad como investigador, ensayista y articulista, pocas veces aceptó dar clases, generalmente en módulos cortos, participando sobre todo en seminarios de diverso tipo con exposiciones y documentos de trabajo.
A su pesar, sin embargo, “sin querer queriendo” fue y seguirá siendo un gran maestro. Voy a tratar de seguirle la pista desde esa perspectiva.
Enseñar y aprender
Primero tenemos que retroceder en el tiempo, hasta su temprana juventud en Cochabamba, al final de la década de los cincuenta, cuando se preparaba para ser jesuita. En Pairumani, “La escuela tal como estaba anteriormente, eran 2 personas nomás, marido y mujer, pero la mujer quedó embarazada y, por tanto, tuvo la baja médica, antes y después de parir, Y entonces, en vez de buscar otro profesor, yo quedé encargado de ser el profesor suplente de la escuelita. Cada día tenía que ir allá a pasar unas 5 horas con los niños de primaria. (…) Con tiza y con los cuadernos… fui maestro rural. Mejor digo maestra, porque los niños, en aquel tiempo, no sabían nada, además, yo andaba con sotana. Una de las cosas que recuerdo es que siempre me decía `señorita, señorita’, nunca me decían padrecito. ´Señorita, el Mamani se ha hecho pis`. Y de bilingüismo, nada, todo era puro castellano”. (Un curioso incorregible).
Xavier puso pasión y hasta obcecación en todo lo que hizo y sus posiciones fueron transparentes, pero no ciegas, como lo demostró con su visión pionera sobre los derechos de las poblaciones originarias y sobre el proyecto de Estado Plurinacional, así como con su apoyo decidido al “proceso de cambio” y luego con su crítica al continuismo de Evo Morales.

La sotana le hizo pasar otros momentos graciosos, como cuando, enseñando el catecismo, también en Cochabamba y él mismo como estudiante, una niña que se había agachado a recoger mañosamente un lápiz del piso, vio que además de sotana tenía pantalones, y le dijo a otra niña: “debajo de esta señora hay un hombre”.
Algunos años después, ya licenciado en teología, volvió de Ecuador a Cochabamba “(…) donde era profesor de los novicios. Eran mis años de magisterio. Se llamaba así, pero nunca fui profesor de colegio; ocasionalmente reemplazaba a Lucho Alegre, pero yo nomás enseñaba en el noviciado y, ya sabiendo quechua me metí a aprender aymara por una decisión propia medio espontánea. Me parecía que saber la lengua del lugar era indispensable”. (Un curioso incorregible).
Escudriñando (y mostrando) el mundo
No me cabe duda de que la insaciable curiosidad del Pajla fue el origen de su titánica tarea como investigador y escritor, tal como evidencian los 14 tomos de sus Obras selectas, escogidas y editadas con él por Hugo Fernández Araoz (CIPCA e IPDRS).
El interés por lo distinto se manifestó en Xavier tempranamente, como él mismo cuenta, cuando de niño enfermó y tuvo que quedarse en casa y en cama varios meses durante los cuales su principal distracción y fuente de aprendizaje fueron un atlas y una enciclopedia de geografía que le habían regalado. “Una de las cosas que más me entusiasmó en ese tiempo en cama fue un atlas. No era ninguna maravilla, pero tenía muchos mapas. Claro, un atlas de esa época, en el que recuerdo que todavía el Ecuador era una franja larga que llegaba hasta cerca de Iquitos, Perú. Pues resulta que un tío, un primo de mi madre, al ver mi entusiasmo, me regaló una enciclopedia de geografía en 10 volúmenes. Así es que yo, convaleciente, estaba además fascinado con la geografía”. (Un curioso incorregible)
El amor por la geografía lo acompañó toda su vida, que expresó desarrollando una gran habilidad para reconocer los lugares desde el aire y, sobre todo, manteniendo un enorme interés por conocer el mundo. Tuve el gusto de viajar con él en avión varias veces, de las que recuerdo especialmente los tramos entre San Ignacio de Moxos y Trinidad y de Charagua a Santa Cruz, ocasiones en las que miraba por la ventanilla hacia abajo todo el tiempo y me iba instruyendo sobre los nombres y ubicación de comunidades, ríos y caminos que identificaba como si las viera con lupa. Y yo en la luna, por supuesto.
El interés por lo distinto se manifestó en Xavier tempranamente, como él mismo cuenta, cuando de niño enfermó y tuvo que quedarse en casa y en cama varios meses durante los cuales su principal distracción y fuente de aprendizaje fueron un atlas y una enciclopedia de geografía.
“La geografía es una afición que aún tengo. Con más tiempo disponible me encantaría meterme en el Google Earth. Hace poco, una de mis columnas del periódico fue El mapamundi es un mentiroso, porque la transformación de un globo a un plano siempre miente, cambian las proporciones. Saqué la idea de una viñeta de Mafalda, en la que Miguelito, el intelectual, uno de los personajes, llevó a la escuela un mapamundi y le dio la vuelta. La profesora le dijo: “Está al revés”, pero él contestó: “En el mundo no hay derecho ni revés, todo es curvo, eso está en el espacio, y sanseacabó”. (Un curioso incorregible).
Nada de lo diverso y distinto le fue extraño, tuvo siempre la mente abierta a aquello que probablemente para otros no sólo fuera desconocido sino hasta amenazador. Y lo demostró en su vida cotidiana.
Decir las cosas claras
Otra de las formas de enseñar que usaba Xavier, aunque no fuera exprofeso sino debido, probablemente, a su formación académica y jesuita, era su manera de hablar y escribir, con giros coloquiales, usando ejemplos de su observación de la vida cotidiana. Sin importar cuán complicados fueran los tópicos, su lenguaje era sencillo y claro, muchas veces con un sentido escatológico de humor que no todas las personas podían disfrutar. Los artículos de prensa en general y en particular de su columna quincenal Tejiendo Pistas, publicados en periódicos del país, son un testimonio de esto.
También hay que decir, sin embargo, que cuando conversaba o exponía, mantenerlo centrado en un solo tema podía llegar a ser un desafío imposible. Como a él mismo le gustaba decir: “Los divertículos en medicina son las vías que encuentra el colon para expresarse, un modo de expresión que yo tengo para hablar, yéndome de un tema a otro, a veces por las ramas, a veces por el tallo y las raíces, desordenándolo todo para, finalmente, aterrizar en el mismo sitio… o en otro completamente distinto”. (Un curioso incorregible). El texto de anteriores párrafos sobre su interés por la geografía es una muestra de esto… de la mención a su niñez pasa al Google Earth, de ahí a Mafalda y de ésta al sistema educativo…
Sin duda fue un gran conversador, pero, todo hay que decirlo, los derroteros de su pensamiento eran motivo de acaloradas discusiones con Claudio Pou, su gran amigo y hermano jesuita, además de compañero de trabajo en CIPCA, hombre de pensamiento ordenado y sistemático que rápidamente se impacientaba en las sesiones de trabajo cuando el Pajla elucubraba en interminables conexiones, relacionando una anécdota de viaje con datos del censo, el sistema educativo, documentos de Naciones Unidas y lecciones sobre usos y costumbres de pueblos originarios, para citar sólo algunos de sus esperpentos… fascinantes sin duda, pero un atentado contra la concentración del debate.
Nada de lo diverso y distinto le fue extraño, tuvo siempre la mente abierta a aquello que probablemente para otros no sólo fuera desconocido sino hasta amenazador. Y lo demostró en su vida cotidiana.
Xavier puso pasión y hasta obcecación en todo lo que hizo y sus posiciones fueron transparentes, pero no ciegas, como lo demostró con su visión pionera sobre los derechos de las poblaciones originarias y sobre el proyecto de Estado Plurinacional, así como con su apoyo decidido al “proceso de cambio” y luego con su crítica al continuismo de Evo Morales.
Botas de mil leguas
La primera elección del Pajla para el noviciado fue ir a Japón, que no pudo ser (en la década de los 50 continuaba un gran entusiasmo por hacer de misionero en el llamado lejano oriente) y aunque Bolivia le cayó de refilón, la amó y disfrutó intensamente.
Pero, no se quedó quieto, aprovechaba cualquier oportunidad para viajar por todos los medios posibles, ya que, como confesó sin pudor: “Yo aceptaba participar en seminarios en tal o cual lugar siempre y cuando me ayudaran a llegar a tal otro”; de ese modo se paseó por la India, Japón, Filipinas, Canadá y sobre todos los países de América Latina…buscando, según sus palabras, “los traspatios del mundo” … y a su gente, digo yo, porque su interés no era sólo por los lugares sino por los pueblos, comunidades y costumbres que los habitan.
Así es que, si sumamos los intereses, las experiencias, su abundante producción intelectual y su forma de ser, el Pajla es y será un gran maestro, a su pesar, de esos inolvidables, de los que dejan huella y de los que enseñan con el ejemplo. ¡Muy grandes tus zapatos de mil leguas, querido Xavier, para quien quisiera seguir tus pasos!
