Solo de vez en cuando algo mundial convoca a los muchos mundos en los que se mueven las personas. El fútbol lo hace ahora mismo, con profetas como Messi y todo.

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Carl Sagan vivió con la esperanza de encontrar otros mundos. Dado (mi amigo) me hizo advertir que aquí mismo están. Tenemos amigos que viven en otros mundos. No es porque estén todo el tiempo drogados. No. Sólo que tienden a ver y sentir que el lugar por donde se mueven, trabajan y se relacionan es “el mundo”. Por eso, cuando los reúno para ciertas cosas que se me ocurren sienten que hacen un viaje extraterrestre. Son hermosos seres nuestros amigos, brillan en sus mundos. Poseen, incluso, una posibilidad que algunos llaman vacaciones y que a veces les permite, por ejemplo, ver la luna roja del eclipse.
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Sólo de vez en cuando algo mundial convoca a los mundos y eso sucede ahora mismo. La palabra “mundial” sintetiza la frase: “Campeonato de los países clasificados al Mundial de Fútbol masculino”. Nada es tan mundial, ni siquiera la guerra. Mi abuelo me contó que en la segunda, para sentirse cerca debía tomarse un tren, ir de Banfield a Buenos Aires y esperar la hora exacta en la que ciertos diarios compartían sus titulares. Él leía e imaginaba. Al volver a su casa de noche, un vecino le pedía un informe.
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Muy de vez en cuando aparece un ser humano conocido por todo el mundo. Son llamados, en general, profetas. Vuelvo aquí a la primera parte de este relato. Para el mundo árabe fue Alá, para el cristiano Jesús, para el Oriental Buda. El fútbol actual ha permitido que el mundo sepa quién es Lionel Messi. Los argentinos, aunque no nos interese el fútbol, sabemos lo que sucederá. Lo sabrán todos. Yo viviré esa intensidad. Es posible que vea absolutamente todos los partidos durante, máximo, unos diez días. Después me aburriré. Ayudarán árbitros injustos, fallas fabulosas y la falta de luna roja.
4.
La selección argentina de fútbol masculino cuenta con la figura excluyente del mundo: Lionel Messi. El mundo construido por amantes del fútbol, fama y éxito esperan que este profeta haga el milagro final y se convierta en el modelo perfecto. El santo grial. Los días pasan y la situación se pone tensa. No sabemos si Messi conoce las palabras de Sidharta –Todas las cosas compuestas decaen. Esfuércese por la meta con diligencia– pero todo indica que las intuye. Piensa que su tiempo se acaba. Se dice es ahora o nunca. El mundo que ha advertido que se enriquece con él lo promociona, lo vende. Parece ser perfecto para sus fines. Lo promociona y vende en partes iguales. El mundo del poder, el que se esconde en el fútbol, espera que su diligencia se transforme en dividendos. Un mundo vulgar observa. Lo observa. Lo adora. Se lo graba en la piel. Se arrodilla ante él. Hace peregrinaciones insólitas. Todo es irracional. Lo nombran razón, esperanza, mito, respuesta, camino. El vulgo imprime esas insensateces en infancias que suponen que su felicidad es tener, con él, una selfie, una firma, una mirada, una camiseta.
Los días pasan… Los mundos que no están en el campeonato mundial de fútbol continúan, pero advierten que tal vez estar en el mundial de fútbol pueda incluso permitirles ser reconocidos.
El nuevo profeta está en la escena y todos lo observan, no hay razón que impida imaginar una historia que lo igualará a Jesús, Mahoma o Sidharta. Si no lo crucifican porque no gana, lo crucificarán por lo que a continuación hará. El mundo de Lionel Messi está por agrandarse y agrandar el nuestro. Lo que sucederá no tiene nada que ver con el mundo del fútbol. Está en frente de la gran encrucijada. Messi va hacia allí. Su primer milagro es temporal. Ha detenido el tiempo. Los que habitan el mundo fútbol, lo perciben. Algunos están imaginando un Lionel Magno. Un nuevo Rey para el mundo mayor. Yo no sé qué pienso con respecto a ese muchacho.
5.
Es posible, agregó Dado, que nosotros tengamos un mundo tan pequeño como el de los amigos. Hago silencio y recuerdo al escritor italiano Umberto Eco en su Ciudades invisibles, que escribe que el infierno existe; es verdad. El infierno es un lugar insoportable, sólo que Eco informa que el infierno no está en otro lado más que aquí mismo. Para vivir en el infierno no es necesario morirse después de merecerlo. Se puede incluso no merecerlo y vivir en él. El infierno es aquí, en esta órbita. En este pedazo de piedra. Más adelante el escritor nos va a anunciar que el Paraíso también existe y está aquí mismo; agrega que hay ciertos seres que se empeñan en la construcción de un paraíso. Quien pueda verlo gozará con ello, se quedará contento, la eudaimonia lo habitará. Eso sintió un olvidado, detenido frente al jardín de Epicuro. La labor para una vida alegre tiene dos acciones. Construir el paraíso propio, un propio mundo y luego alzar la vista para ver quiénes están en la misma labor, pero más lejos. Para entonces iniciar el viaje único, el que nos llevará de paraíso en paraíso, hasta que el mundo finalmente nos apague.