Si luego de él vinieron varios más, ¿por qué el Pequeño General ocupa un lugar central en la historia de las dictaduras en Bolivia y América Latina?

Si luego de él vinieron varios más, ¿por qué el Pequeño General ocupa un lugar central en la historia de las dictaduras en Bolivia y América Latina?
Hugo Banzer Suárez no fue el último representante del caudillismo militar labrado en cuarteles y urdido en los más oscuros pasillos y sobremesas, pero es el más relevante porque no sólo murió impune, pues nunca fue juzgado por los crímenes cometidos durante su dictadura (1971-1978), sino que volvió a ocupar la Presidencia de Bolivia elegido democráticamente. He ahí el drama que nos revela (nos descubre) y nos lleva una y otra vez a él, porque si algo no se cura, se repite.
No es el único, no, pero quizá reúna mejor que otros lo heredado de sus mayores y los anhelos de sus menores. Esos modos patria-r-cales de tutelar un país que se amamantó del relato del huérfano, por tanto, eternamente necesitado de caudillos. Y éstos, eternos propietarios de la cosa pública, no ciudadanos a su servicio, alternando(se) en el gobierno, en un círculo perverso y promiscuo. Eso es lo que la democracia quiebra y anhela sostener. Pero los caudillos vuelven una y otra vez. Ahora que sabemos, quizá haya llegado la hora, finalmente, de enterrar (nunca olvidar) para siempre al Pequeño General Hugo Banzer Suarez.
En Rascacielos dedicamos un documento con crónicas y testimonios, a propósito de los 50 años del golpe de 1971.