Fotografía de Cecilia Fernández
Casi todas las noches, en una casita de Sopocachi se lleva a cabo un disputado juego de cartas de a dos. El premio: un delicioso chocolate. Pero quien gana la partida no se lleva el chocolate, ese premio es para el segundo lugar, porque la otra persona con ganar ya tiene suficiente para su ego. Cuando Pedro y Juanita me contaron esto, me pareció algo tan curioso que no podía dejar de pensar de dónde les había surgido la idea. Podría parecer que es sólo una ocurrencia divertida, pero mientras más los iba conociendo me fui dando cuenta que aquella era una pequeña manifestación de la forma de ver la vida con sencillez y humildad que tiene esta amada pareja.
Pelusa y Gabriel son sus perritos. Pelusa es serena y cariñosa, y Gabriel es movedizo y travieso; es casi mágico, pero hacen honor a lo que se suele decir: que “los perritos se parecen a sus dueños”. Juanita es una mujer serena con mucha sabiduría espiritual, fácil de reconocer después de escucharla unos momentos y sentir la humanidad y el amor desde donde se expresa. Pedro está siempre metido en muchas actividades: cuidando sus huertos, escribiendo, reflexionando, leyendo y teniendo profundas y serias conversaciones de las cuales siempre tenemos mucho que aprender quienes charlamos con él (cosa que da mucho gusto porque, de vez en cuando, las conversaciones están acompañadas de risas por los divertidos chistes que él cuenta).
Ambos hacen una pareja muy peculiar, profundamente sensible hacia los diferentes problemas del mundo. Actúan siempre con mucha coherencia hacia los valores que profesan y en su recorrido por la vida estuvieron muy comprometidos con reivindicaciones sociales y ambientales. Y aunque no nacieron en este territorio, ambos echaron fuertes raíces y sembraron mucho amor en cientos de personas con su apoyo y solidaridad. Conectarnos y respetar a la Madre Tierra, liberarnos del patriarcado, construir un mundo menos violento y hacer que todo y todos a su alrededor estén mejor, es a lo que se dedican todos los días Pedro y Juanita. Y para mí, que tengo la dicha de conocerlos, es inevitable sentir mucho amor, respeto y profunda admiración.

Pedro Brunhart es un buscador de paz y equilibrio entre géneros y un agricultor apasionado.
Juana Ambía es profesora de vocación, consejera y amiga.